Retinoblastoma: El cáncer ocular más común en niños

Cada 15 de febrero se conmemora el Día Internacional del Cáncer Infantil, una fecha que busca sensibilizar sobre la importancia de un diagnóstico oportuno para salvar vidas. Entre los diversos tipos de cáncer que pueden afectar a los más pequeños, el retinoblastoma ocupa un lugar crítico.

Se trata del tumor intraocular más frecuente en la infancia, originándose en la retina (la capa sensible a la luz en la parte posterior del ojo). Aunque es una enfermedad grave, tiene una tasa de curación superior al 95% si se detecta a tiempo, lo que convierte la observación de los padres en la herramienta de salud más valiosa.


El signo de alerta principal: La Leucocoria

A diferencia de otros tipos de cáncer que presentan síntomas internos, el retinoblastoma suele dar señales visibles. El signo más común es la leucocoria, o pupila blanca.

En condiciones normales, cuando la luz entra en el ojo (como el flash de una cámara), la pupila muestra un reflejo rojo debido a los vasos sanguíneos de la retina. Sin embargo, si hay un tumor creciendo dentro del ojo, este puede reflejar la luz de color blanco, amarillento o gris brillante.

¿Cómo detectarlo en casa?

Muchas veces, este reflejo se nota por primera vez en una fotografía con flash. Si notas que uno de los ojos de tu hijo sale con un brillo blanco mientras el otro sale rojo, es una señal de alerta inmediata que debe ser evaluada por un oftalmólogo pediatra.


Otros síntomas que no deben ignorarse

Aunque la pupila blanca es el signo más característico, existen otras manifestaciones que pueden indicar la presencia de un retinoblastoma:

  1. Estrabismo: Cuando los ojos no están alineados (uno de ellos “se desvía” hacia adentro o hacia afuera). Esto ocurre porque el tumor impide que el ojo afectado enfoque correctamente.

  2. Inflamación o enrojecimiento: El ojo puede verse irritado o hinchado sin causa aparente (como una infección o golpe).

  3. Cambio en el color del iris: Una parte del iris puede presentar un color distinto al del resto del ojo.

  4. Visión deficiente: El niño puede tropezar con objetos o tener dificultad para seguir juguetes con la mirada.


Diagnóstico y esperanza

Si un especialista sospecha de un retinoblastoma, realizará un examen de fondo de ojo bajo dilatación pupilar y, en la mayoría de los casos, una ecografía ocular. Estos exámenes permiten determinar el tamaño del tumor y si se encuentra confinado dentro del globo ocular.

La medicina moderna ha avanzado significativamente en los tratamientos. Dependiendo del estadio, se pueden utilizar terapias como:

  • Quimioterapia intraarterial: Se entrega el medicamento directamente en la arteria que irriga el ojo, minimizando los efectos secundarios en el resto del cuerpo.

  • Laserterapia y Crioterapia: Para destruir tumores pequeños mediante calor o frío extremo.

  • Braquiterapia: Aplicación de pequeñas placas de radiación localizadas.

El objetivo principal es salvar la vida del niño, seguido de la preservación del globo ocular y, en la medida de lo posible, la mayor capacidad visual posible.


Conclusión para padres

El retinoblastoma es una enfermedad que no se puede prevenir, pero su impacto puede reducirse drásticamente con la detección temprana. Este 15 de febrero, el mensaje es claro: confía en tu instinto. Si notas algo inusual en los ojos de tu hijo o ves un reflejo extraño en sus fotos, busca atención médica de inmediato. Una simple revisión puede cambiar el rumbo de su salud visual para siempre.