Ojo Seco Crónico: Más que un simple ardor
La mayoría de las personas han sentido, en algún momento, una ligera picazón o enrojecimiento en los ojos tras una larga jornada frente a la computadora. Sin embargo, para millones de personas, esta sensación no es pasajera. El Síndrome de Ojo Seco (SOS) es una enfermedad multifactorial y crónica de la superficie ocular que, de no tratarse, puede comprometer seriamente la visión y la calidad de vida.
Lejos de ser una molestia menor, el ojo seco representa una alteración en la homeostasis de la película lagrimal, el sistema encargado de nutrir, proteger y limpiar la córnea.
¿Por qué ocurre? Las dos caras del ojo seco
No todos los ojos secos son iguales. Para entender el tratamiento, primero debemos identificar el origen del problema:
1. Deficiencia Acuosa
Ocurre cuando las glándulas lagrimales no producen suficiente cantidad de lágrima. Se asocia comúnmente con enfermedades autoinmunes (como el Síndrome de Sjögren), cambios hormonales o el uso de ciertos medicamentos.
2. Evaporación Excesiva (Disfunción de Glándulas de Meibomio)
Es la causa más frecuente (aproximadamente el 80% de los casos). Aquí, el problema no es la falta de agua, sino la falta de “aceite”. Las Glándulas de Meibomio, situadas en los párpados, no secretan los lípidos necesarios para evitar que la lágrima se evapore prematuramente.
Factores de Riesgo Modernos
La vida contemporánea ha disparado los casos de ojo seco debido a:
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Uso de pantallas: Al mirar dispositivos, parpadeamos hasta un 60% menos, rompiendo la renovación de la lágrima.
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Ambientes controlados: El aire acondicionado y la calefacción reducen drásticamente la humedad ambiental.
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Cirugía refractiva: Algunos procedimientos láser pueden alterar temporalmente la sensibilidad corneal y la producción lagrimal.
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Uso de mascarillas: El flujo de aire hacia arriba puede acelerar la evaporación de la lágrima.
Diagnóstico Avanzado: Más allá del test de Schirmer
Tradicionalmente, el diagnóstico se limitaba a medir la cantidad de lágrima. Hoy, la oftalmología moderna utiliza tecnología de precisión para evaluar la calidad:
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Meibografía: Permite visualizar la estructura de las Glándulas de Meibomio y detectar si hay atrofia o succión.
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Osmolaridad lagrimal: Mide la concentración de sales en la lágrima; a mayor concentración, mayor inflamación y sequedad.
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Tiempo de Ruptura Lagrimal (BUT): Evalúa cuánto tarda la lágrima en romperse sobre la superficie del ojo tras un parpadeo.
Tratamientos de Vanguardia
Cuando las lágrimas artificiales de venta libre no son suficientes, la medicina ofrece alternativas avanzadas:
Terapia de Luz Pulsada Intensa (IPL)
Es uno de los avances más significativos. Mediante pulsos de luz controlados sobre los párpados, se reduce la inflamación, se eliminan bacterias y se estimula el funcionamiento de las glándulas lipídicas.
Tapones Lagrimales (Punctal Plugs)
Pequeños dispositivos insertados en los conductos de drenaje para retener las lágrimas naturales del paciente sobre el ojo por más tiempo.
Inmunomoduladores y Suero Autólogo
Uso de gotas recetadas (como la ciclosporina) para reducir la inflamación crónica o la fabricación de colirios a partir de la propia sangre del paciente, ricos en factores de crecimiento.
Higiene Palpebral Profunda
Tratamientos en consultorio que realizan una microexfoliación de los bordes palpebrales para eliminar detritos y biopelículas que obstruyen las glándulas.
Conclusión
El ojo seco crónico es una condición progresiva. Ignorar el ardor constante puede derivar en queratitis, cicatrices corneales e infecciones recurrentes. La clave reside en un diagnóstico personalizado que identifique qué componente de su lágrima está fallando.
Si siente que sus ojos están cansados, pesados o irritados con frecuencia, no se conforme con el uso crónico de gotas lubricantes. Consulte a un especialista para atacar la causa raíz.
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